Cuando lo conocí me sorprendí realmente por los paisajes, la gastronomía y la amabilidad de la gente que me encontraba en el camino.
Las playas son muy similares a las que tenemos aqui en España, aunque he de decir que allí hay mucho más espacio y no hay que luchar con nadie porque te quite una pequeña parte de Sol. Y algo que me causó mucha sorpresa es que cada cierto tiempo pasaban hombres vendiendo todo tipo de comida y bebida para que el rato en la playa con la familia o amigos se pasara mejor. Vendían cosas tan extrañas como donuts, cocido, o té.
Y si después de un baño y tomar el sol te apetecía dar un paseo en camello allí estaban ellos tranquilos en la orilla para darte un paseo por tan solo unos euros, que al transformarlo en su moneda suena quizás un poco más caro, pero comparándolo con los precios que tenemos aquí es realmente barato.
Y bueno, hay muchas más curiosidades de este bonito país que me marcaron, que ya os iré contando, ahora os dejo algunas fotos para que veáis lo bien que lo pasé y las increíbles fotos que se pueden traer de un viaje como este.



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